domingo, 29 de junio de 2014

“SI TU NO ESTAS”




“SI TU NO ESTAS”

 

Me muero vida, de melancolía.

 

Tu eres quien me despierta y me

da la vida.

 

Mi amor es sagrado y tengo una

razón.

 

Razón de razones que un día me

distes.

 

Y viendo tu cuerpo soñé para….

siempre.

 

Y supe que siempre serás para

mi.

 

Amor que enmascara la vida y

dice promesas.

 

Prometiéndonos amor para toda

la vida.

 

Tu cuerpo será mi cuerpo cuer_

po.

 

Y esa belleza la conseguiremos en_

tre tu y yo.

 

29/06/2014

 

Autor: Ramón de la Calle E.

 

Nota: El autor se reserva los derechos de la publicación de la obra

Registrada en el Ministerio de Cultura y en la subdelegación

General de la Propiedad Intelectual Española

Y la (OMPI)

 

 

 

4 comentarios:

Myriam dijo...

Siempre está la vida, el sol, el aire, el mar, las flores y los cantos de los pájaros... y, nos tenemos a nosotros mismos, también.

Un abrazo

Oriana Lady Strange dijo...

El amar nos hace dependiente de la vida en sí, porque solo vivimos por y para ese amor.
Cariños…

La Amante del Tiempo dijo...

La ausencia del ser amado, contrae una reacción en cadena de sentimientos encontrados que nos atormentan y nos conllevan a la depresión. Si la ausencia es corta y por necesidad perentoria, entonces solo hay que aceptarla como una consecuencia del día a día, pero si en cambio es definitiva, entonces después de vivir el duelo correspondiente de los primeros tiempos, debemos resignarnos y aceptarla como un pasaje o experiencia vivido no sin antes extraer de ella las viviencias que nos conllevaron a esa ausencia. Es una significativa manera de aprender a cuidar los afectos futuros practicando las experiencias que nos conllevaron a la pérdida y consecuente ausencia del ser amado.

La Amante del Tiempo dijo...

La ausencia del ser amado, contrae una reacción en cadena de sentimientos encontrados que nos atormentan y nos conllevan a la depresión. Si la ausencia es corta y por necesidad perentoria, entonces solo hay que aceptarla como una consecuencia del día a día, pero si en cambio es definitiva, entonces después de vivir el duelo correspondiente de los primeros tiempos, debemos resignarnos y aceptarla como un pasaje o experiencia vivido no sin antes extraer de ella las viviencias que nos conllevaron a esa ausencia. Es una significativa manera de aprender a cuidar los afectos futuros practicando las experiencias que nos conllevaron a la pérdida y consecuente ausencia del ser amado.